sábado, 16 de octubre de 2010

86400 segundos..

Son las 8:26 de la mañana y las dos franjas de luz que atraviesan mi persiana rota me han desvelado. Aún es temprano para levantarme, y el calor acogedor que hay en mi cama es lo que me motiva a no moverme de aquí. Una lagrima cae por mi mejilla izquierda, y las sirenas de las ambulancias indican un día mas en esta ciudad. Busco un poco de sueño que no encuentro, para continuar durmiendo, y cuanto mas pienso en ello menos lo logro. Ha sonado el timbre del apartamento, y mi hermana se levanta a recibir a sus amigos, para comenzar otro día mas a estudiar; mientras yo me dispongo a continuar con mi escritura. Agarro mi celular para contestar el mensaje que acabo de recibir y veo que ya son las 10:50 de esta mañana. No encuentro explicación de porque paso tan rápido el tiempo, pero al ver mi bolígrafo en el suelo y el cuaderno de escrituras haciéndole compañía, me doy cuenta que me había quedado dormido. Siendo ya las 14:00 de la tarde me dispongo a levantarme de mi cama, mi espalda y mi brazo acalambrado me indican que he dormido mas de la cuenta. No llego a encontrar esa fuerza, ese impulso o esa motivación para poder estar en pie mas temprano. Luego de calentar mi almuerzo y finalizarlo, me voy a mi cuarto a variar mi rutina, tocando algunos acordes y soltando palabras al viento; pero al fin de cuentas eso ya se ha vuelto parte de mi vida diaria. Varias horas después comienza a caer la tarde, y empiezo a sentirme viejo, solo, pero no hay duda que todo pasa por mi. No me gusta estar así, quiero encontrar mi juventud perdida, antes de que sea tarde. Se comienzan a atenuar los ruidos de esta ciudad, y con la luna en lo mas alto y profundo de su brillo me voy dando cuenta que se fue otro día de mi vida, otro día sin nada por resaltar. Lentamente me voy desvaneciendo en mi cama, a la dulce espera de una larga noche de sueños, esperando con ansias un nuevo amanecer que le de fruto a esta planta que aun no quiere marchitarse.

domingo, 3 de octubre de 2010

Sacandole rueditas a mi bicicleta..

Como si fuera ayer, recuerdo sacarle las rueditas a mi bicicleta, con ayuda de mama y papa, dándome ese gran empujón, y poder andar sin un soporte en ella, solo yo era el que la equilibraba. Hoy, creo que la vida me ha demostrado, que las rueditas pueden volver a incrustarse en uno, y es tiempo de que nosotros, sin ayuda de papa o mama pudiéramos sacarlas las veces que sea necesarias. Es uno mismo el que va por la vida, juntando las herramientas necesarias para sacarlas, y las llamamos amigos, o seres queridos; pero esta en nosotros, y en nuestra voluntad el utilizar esas herramientas. Hay veces que tristemente juntamos herramientas, pero no sirven para poder extraer nuestras rueditas, a no caer, sabemos que para la próxima herramientas así no debemos levantar mas, no serán de utilidad. No podemos descartar que nosotros mismos también somos una herramienta para las rueditas de los demás, pero depende de ambos el aflojar la tuerca que deje caer la ruedita, puede que no seamos la herramienta justa para esa persona. Muchas veces hay tuercas extrañas en nuestras rueditas, que nos equilibran para un lado, o para otro, y mágicamente algunas herramientas adaptan la forma necesaria para extraer esa tuerca, que dejara caer esa ruedita. Esas herramientas las debemos cuidar, hay muy pocas en el mundo, y se deben valorar, ya que se cuentan con las falanges de un dedo las cantidad que nosotros podamos tener. Aunque a veces, buscamos desesperadamente herramientas, y sacamos rueditas, pero después no nos sirven mas, y buscamos nuevas herramientas; sin darnos cuenta, que la mas valiosa, aquella que se adapta a todas las tuercas que pudiéramos imaginar, esta plasmada en un reflejo.