martes, 26 de junio de 2012
La capucha azul.
Ahí estaba nuevamente su figura perdida en la oscuridad de su habitación, con una tenue luz que apenas dejaba ver las paredes. Perdido, frágil, y por sobre todo estático, sin moverse, su cuerpo parecía un animal petrificado luego de su muerte, se sentía sin vida. Se preguntaba una y otra vez si era tan difícil ser escuchado, se cuestionaba si la forma de expresarse era tan difícil de entender, aumentaba su entusiasmo pensando si estaba tan mal su forma de actuar. Absorto por no poder responderse daba su cabeza repetidas veces contra la pared en la que estaba apoyado y susurraba '¿por que? .. ¿por que?'. El momento había llegado, su mente estaba en colapso, no podía siquiera imaginar una idea mas porque sentía que alguna parte de si iba a salir despedida por la habitación y no volvería jamas. Junto las suficientes energías como para poder levantarse y se dirigió hacia su escritorio en busca de su libreta de escrituras y un bolígrafo. Comenzó a escribir con un 'No puede ser' que inmediatamente se vio tachado con furia, otra vez censuraba su forma rápida y volátil de pensar, temía que no sea la forma adecuada de arrancar, temía terminar en un largo llanto truncado sin una sola lagrima por derramar y con un vacío en el pecho que le impida respirar. Tomaba sus pulsaciones, sentía como su corazón quería salir de su ubicación al golpear fuertemente su pecho. A todo ello lo acompañaba con un cigarro, con la tonta idea de saciar sus ganas de destruir todo, sentía que una fuerza se apoderaba de él, y la única forma de sacársela era golpear algo, descargarse. Se mantuvo durante 10 minutos con la libreta en la mano y el bolígrafo, pero no escribía en el papel, lo hacia en su mente, llevándola a una velocidad tan rápida que a veces perdía el hilo de su propia escritura. Después de varios meses ahí estaba, otra vez en esa oscura habitación, encerrado, sin ganas de ver el afuera, porque todo le parecía sobrar. Trago saliva y continuo haciendo lo mismo por un largo rato, encendió otro cigarro, se colocó la capucha de su abrigo y se detuvo. Hizo tronar los huesos de su espalda, los de sus manos, y se puso los auriculares manifestando al mismo tiempo para su interior, 'ya va a pasar, tiempo a escuchar y dejar que hablen, sonreír y seguir'. Era una de sus mayores mentiras, que con el solo hecho de comenzar a decirla sabia que era para la simple satisfacción efímera, bostezo y permaneció inmóvil con su mirada fija durante un largo rato. Ahí estaba nuevamente, solo y sin su sombra, su figura perdida en la oscuridad de su habitación.
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